Nuevos planteamientos de la cooperacion internacional(PNUD)
Los motivos para ayudar a los países pobres han sido diversos: algunas veces han sido producto del idealismo, la generosidad y la solidaridad internacional, otras de intereses políticos, ideológicos y comerciales. No es sorprendente que la variedad de motivos y objetivos haya producido muchos resultados insatisfactorios y que haya incluso provocado bastante desencanto tanto en los donantes como en los receptores. Algunos críticos llegan a decir que se debería acabar con la ayuda. Más bien creemos que la crítica debe llevar a la mejora, no a la desesperación. Habría que decir que la ayuda es una necesidad para la sobrevivencia de todos y que no se trata tanto de ayuda como de establecer relaciones justas y simétricas. Veamos algunos casos: Restricciones en migración Los países ricos dan permisos de inmigración a un numero selecto de técnicos y personas bien formadas, negando la entrada a la mano de obra no especializada. Esto perjudica a los países pobres. Primero por la pérdida de cerebros y del dinero invertido en su educación. Segundo en la pérdida de posibilidades para la mano de obra no especializada y la proporción de dinero que supondría en forma de remesas familiares para las familias en el lugar de origen. En Latinoamérica y el Caribe se pierde un 20 % de los graduados universitarios. Una manera de compensar por la perdida de cerebros sería obligarles a pagar al país de origen los subsidios en educación que han recibido, o que tengan que trabajar para su propio país un número razonable de años. Otra solución consistiría en que pagaran los países que reciben la mano de obra especializada. Por razones políticas y sociales, los países industriales levantan barreras migratorias para la mano de obra no especializada. Para compensar por la discriminación y la pérdida económica que supone para los países pobres esta restricción, los países receptores deberían compensar a los países de donde parten los emigrantes. Este dinero debería invertirse en la creación de puestos de trabajo en los países de origen y en programas educativos que son los que tienden a reducir el crecimiento de la población. Restricciones en comercio Los países industriales contemplan restricciones severas en algunos productos provenientes de los países en desarrollo, especialmente productos textiles, zapatos, productos agrícolas y manufacturas ligeras. El proteccionismo contra estos productos se está elevando- frecuentemente en forma de subvenciones y no de impuestos para evitar el incumplimiento de las reglas del GATT-. Esto es especialmente mortificante para los países pobres ahora que sus economías están más abiertas que nunca a la competencia foránea. De hecho, hoy es una gran paradoja que el Norte Rico que exige un mercado abierto a los países pobres, sea el que más se resista a hacer los mismos cambios y ajustes estructurales en sus economías. La OCDE estima que el coste de la violación de la libertad de comercio por parte de los países industrializados representa para los países en desarrollo más del doble de la ayuda que se les ofrece. Los países industriales subsidian a sus campesinos y levantan barreras arancelarias contra los productos extranjeros. En 1991 los subsidios de la OCDE a la agricultura totalizaron 180 billones de dólares. En la Comunidad económica Europea esto supone que cada familia paga 3000 dólares al año para subsidiar a los campesinos. El proteccionismo agrícola de los países ricos no sólo limita las posibilidades de los campesinos de los países pobres sino que además les suele causar graves daños. Cuando los países industriales vacían sus almacenes en los países pobres los precios se caen. En algunos países africanos donde cuesta 75 dólares producir 100 kilos de maíz, el mercado local cayó a 21 dólares. En 1991 La Comunidad Económica Europea vertió 54 millones de carne congelada en Africa empobreciendo a un millón de Sahelianos que dependían de la producción de carne. Los países que quieran proteger sus productos deberían pagar una compensación a través del GATT o su organización sucesora, la Organización Mundial del Comercio. Los países que no quisieran liberalizar su mercado temiendo dislocaciones en el mercado del trabajo tendrían que pagar una determinada suma. Y aquellos que quisieran evitar el pago se verían forzados a reducir sus barreras y aranceles. De ese modo se reducirían progresivamente los obstáculos en el comercio entre los países ricos y los pobres. Pago por servicios que benefician la seguridad humana mundial Muchos proyectos que los países industriales apoyan en el Tercer Mundo tienen efectos mundiales y de ese modo sirven a sus propios intereses. Un ejemplo de ello es el control del tráfico de drogas o de las enfermedades contagiosas. Desde el momento que estos proyectos sirven a los intereses de los países industriales, su financiamiento no debería ser considerado como ayuda sino como pago por servicios contratados. Un buen ejemplo de ello es el pago a Costa Rica por la conservación de sus bosques: En 1989 Costa Rica cortó 10 millones cúbicos de metros de selva con un valor estimado en 422 millones de dólares. No se puede esperar que los países industriales paguen los beneficios totales de las talas, pero es que Costa Rica sería la primera interesada en establecer una cantidad de talas de bosque que no pusiera en peligro su misma existencia. De hecho, se han empezado ha hacer con Costa Rica algunos intercambios de deuda por naturaleza. En 1988 Holanda condonó 5 millones de dólares de deuda a cambio de que se invirtieran en el desarrollo y protección de los bosques. Lo mismo hizo Suecia en 1989 y 1990. No hay necesidad de atar estos pagos a la reducción de la deuda. Se pueden hacer directamente como servicios contratados. Del mismo modo, la protección de la capa de ozono requiere el control mundial en la producción de sustancias contaminantes. Los países industrializados son los responsables de la destrucción de la capa de Ozono, a través del uso de refrigerantes baratos para las neveras por ejemplo. Si ahora se quiere que los países pobres eviten soluciones baratas y destructivas, deberán ser compensados por ello a través del pago directo, o a través de la provisión de tecnologías alternativas o de la financiación para que las desarrollen. El corolario de este principio es que los países que continúen contaminando irresponsablemente el medio ambiente mundial (generalmente los países industriales) deben ser multados. El principio de "hacer pagar al que contamina" ya se aplica en el interior de los países. Ha llegado el momento de aplicarlo mundialmente. Los países que contaminan más tendrán que pagar más y el espacio ecológico será valorado por todas las naciones en lugar de ser libremente destruido por unas cuantas. Este esquema demanda una autoridad mundial y un consenso internacional sobre el total permisible de elementos contaminantes. La distribución de los límites permisibles para cada país deberá tener en cuenta su población, pues cada persona tiene el mismo derecho al uso de la atmósfera. Como de hecho los países industriales son los que contaminan más, tendrán que comprar los permisos a los países en desarrollo. Esto supondría una transferencia de recursos de los países ricos a los pobres de un trillón de dólares al año. Estas transferencias no serían ayuda ni caridad; serían un mecanismo del libre mercado que penaliza el sobreconsumo de las naciones ricas de los bienes mundiales. Este sistema constituiría un gran incentivo para reducir la contaminación en todas las naciones y se podría complementar con un impuesto mundial de 1 dólar por cada barril de petróleo que se consuma (o su equivalente en el consumo de carbón). Este impuesto contribuiría a evitar que se malgasten energías no renovables. Destrucción de armas nucleares La tarea de destruir armas nucleares y reconvertir las fábricas de armamentos para usos pacíficos es una tarea desproporcionada para muchos países que formaban parte anteriormente de la Unión Soviética. Pagar por ello no debe ser visto como ayuda sino como un contrato de servicios. Control de enfermedades contagiosas Contener epidemias como la malaria, el cólera, la tuberculosis o el SIDA es de interés de todas las naciones y es mucho más efectivo hacerlo mundialmente que país por país. Es mucho más sensato una campaña de vacunación mundial contra determinada enfermedad que tratar de frenarla en la frontera nacional. Es más barato limpiar el agua de los países que sufren epidemias de cólera que controlar todos sus productos de exportación. La comunidad internacional tiene mucho que ganar apoyando los programas de salud de los países pobres. Es mucho más barato prevenir que curar. Control del narcotráfico Los países en desarrollo son la principal base de producción de narcóticos, pero los campesinos que en estos países los cultivan sólo reciben el 1% de su precio de venta en las calles de los países ricos. Los países ricos tendrían que pagar por los servicios prestados por los países en desarrollo en el control de la producción de droga y su exportación. Impuestos en el mercado de divisas Muchas transacciones en el mercado de divisas son puramente especulativas. Casi un trillón de dólares diarios cruzan las fronteras cada 24 horas al mínimo rumor de cambios de interés en la divisa nacional. Una manera de bajar los niveles de especulación es aplicando un impuesto. Incluso un impuesto del 0.05% en el valor de cada transacción produciría 150 billones de dólares al año. Financiación de la seguridad humana mundial El fin de la guerra fría nos ofrece una gran oportunidad para aumentar la seguridad humana mundial. No se trata de ayudar a los países pobres sino de financiar la seguridad de todos. "New dimensions of human security", cap.4 (pág.65-69)
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