Koinonía > Logos > 030

La pesadilla de la mundialización

Eduardo H. P. de Oliveira


Un nuevo orden económico es impuesto al mundo empaquetado con promesas de riqueza, mientras profundiza las desigualdades.

 

Podemos estar testimoniando el surgimiento, a escala planetaria, de un modelo de desarrollo caracterizado por la ampliación del mercado consumido, desde el punto de vista geográfico, pero que ha profundizado las desigualdades sociales dentro de los diferentes países. El reflejo inmediato del proceso de mundialización de las economías parece ser el aumento del desempleo y de la pobreza en todo el planeta, hasta el punto de que ya estamos hablando de un desempleo «estructural», ya que existiría una tasa de desempleados sin posibilidad de que disminuya.

El mundo está asistiendo a transformaciones profundas que han alcanzado desde la vida doméstica hasta los Estados Nacionales, pasando por la economía y la cultura. Este fenómeno está siempre asociado a dos ideas: (des)orden y modernidad. Una creencia contradictoria en un orden nuevo, que está siendo seguida por el temor al caos, y la construcción de la idea de que el futuro simbolizado por la innovación tecnológica traerá, esencialmente, mucha riqueza y mejoría de la calidad de vida.

Pero cabe hacer una pregunta: tal riqueza y calidad de vida, ¿serán ofrecidas a todos? ¿O acaso lo que se está consolidando es una versión mundial del modelo excluidor que ha caracterizado la historia de los países subdesarrollados?

En una reciente reunión de la cúpula del G-15, grupo formado por 15 países considerados emergentes-, fue firmado un documento en el que los jefes de estas naciones consideran los efectos sociales de la mundialización. Entre los datos presentados están los que apuntan que el 30% de la mano de obra urbana de América Latina y el 60% de la africana están en el llamado mercado informal, sin ningún topo de vínculo de trabajo ni sindicalización.

Datos de la ONU muestran que en 1960 los 20% más ricos detentaban el 70% de la renta mundial, mientras el 20% más pobre quedaban con apenas el 2%. En los años 90 la desigualdad se profundizó tanto que los 20% más ricos hoy detentan cerca del 83% de la renta, mientras a los más pobres les queda apenas un 1,4%. En los llamados «países del Sur», uno de cada cinco habitantes está por debajo de la línea de pobreza. Sólo en el continente africano existen 216 millones de personas en estado de pobreza absoluta. Estas informaciones muestran hasta qué punto la concentración de la renta es un fenómeno mundial.

Podemos percibir los efectos de ese fenómeno de forma más efectiva en regiones como Africa, América Latina y Sudeste asiático, que pasan a convivir como subproductos sociales de la miseria. Un buen ejemplo de esto es la realidad del trabajo infantil. Además de impedir que los niños frecuenten la escuela y salgan del «analfabetismo estructural» que los víctima, el trabajo infantil está amenazando la economía de países como Brasil, China e Indonesia.

Si son aprobadas las cláusulas sociales en la Organización Mundial del Comercio, estas naciones podrán ser procesadas por sus concurrentes. Motivo: la explotación de mano de obra infantil en sus productos de exportación -es el aso de los calzados y del zumo de naranja producidos en Brasil.

Pero, tal vez lo más perverso de este drama sea el hecho de que la mundialización no está consiguiendo disminuir las desigualdades. Al contrario, ha agravado las desventajas de grupos que ya eran víctimas de la exclusión resultante del modelo anterior. Un ejemplo claro de todo esto ha sido el recrudecimiento de las tensiones raciales en Estados Unidos, país tomado no sólo como modelo de desarrollo económico, sino también de gran capacidad de generar políticas que consigan atender a las necesidades específicas de grupos marginados.

Hoy, cuando la Acción Afirmativa en relación a negros y mujeres está siendo cuestionada, vemos que no hay sólo un aumento de la pobreza y del desempleo en Estados Unidos. Esta pobreza continúa alcanzando a los grupos que siempre fueron víctimas de ella. Y -no es una coincidencia- el aumento de los índices de violencia está alcanzando tanto a EEUU como a todos los países, trayendo consigo la profundización la profundización de las desigualdades. Además de esto, el tráfico de drogas, directamente ligado a la mayor parte de los crímenes, mueve cerca de 500 mil millones de dólares por año. De las armas comercializadas en todo el mundo, el 94% son producidas por los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU: EEUU, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña.

Con relación a las mujeres, la realidad no es muy diferente. En Asia por ejemplo, donde vive el 60% de la población femenina del planeta, ellas ganan el 50% del salario que se paga a los varones en jornadas de trabajo que sobrepasan las 10 horas diarias. Más: el 70% de las mujeres del Sur son pobres, y el 66% de las niñas no tienen acceso a ningún tipo de educación.

Más que nunca. parece que la idea de la aldea mundial retrata de manera fiel el mundo de hoy: grupos pequeños de personas que, por ser parte de antiguas élites nacionales, tienen acceso a la posibilidad de ser miembros de un mundo exclusivo, sin fronteras, donde la comunicación y la información son limitadas, un planeta paralelo, virtual. Pero todavía estamos muy distantes de un mundo que pertenezca verdaderamente a todos.

«Porantim» 182 (fevereiro 96) 11, Brasilia

 

Volver al índice


  Portal Koinonía | Bíblico | Páginas Neobíblicas | El Evangelio de cada día | Calendario litúrgico | Pág. de Cerezo
RELaT | LOGOS | Biblioteca | Información | Martirologio Latinoamericano | Página de Mons. Romero | Posters | Galería
Página de Pedro Casaldáliga | La columna de Boff | Agenda Latinoamericana | Cuentos cortos latinoamericanos