Un pedido público de perdón de la Iglesia en Argentina<a href="mailto:edlserna@wamani.apc.org">Eduardo de La Serna</a>A raíz de la Tertio Millenio Adveniente, en 1996 los obispos argentinos pidieron perdón por lo "no suficiente" de su actuación durante la Dictadura militar argentina. La sociedad argentina, en general, consideró muy insuficiente este pedido de perdón. Este año 2000, el Papa, en el contexto de la pascua, y precedido por un amplio documento, pidió perdones expresos por una serie de cosas graves de la historia de la Iglesia. Esto motivó que, siguiendo un esquema similar, en el marco de un Encuentro Eucarístico Nacional, la Iglesia Argentina se decidiera a volver sobre el tema. El contexto fue de una celebración, y -a semejanza del Papa- en el acto penitencial se confesaron "las culpas" en una "petición de perdón de la Iglesia en Argentina". Los temas por los que se confesaron los pecados fueron: "pecados contra la unidad, contra el servicio a la verdad, contra el Evangelio de la vida, contra la dignidad humana, contra los derechos humanos, contra la integridad de la persona en el conjunto de la vida social, contra el respeto a las culturas y etnias y contra el espíritu de renovación del Concilio Vaticano II". El mensaje tuvo una serie de elementos positivos y fue bien recibido por algunos, incluso, con respecto al escrito de 1996 fue un evidente paso adelante. Aunque el tema más esperado por el conjunto de la sociedad era el relacionado con la complicidad de una enorme porción de la Jerarquía con la dictadura militar, igualmente se notaron ausencias importantes: faltó toda referencia a los crímenes ecológicos, al lugar al que es sometida la mujer en la Iglesia, faltó referencia a la esclavitud, a los crímenes económicos, a los "hijos de la Iglesia" que explotan a sus hermanos, los "desocupan", o someten a modernas esclavitudes, faltó referencia a la clara defensa de sistemas crueles y perversos como el actual neo-liberal, o defensa clara del sistema democrático, falto referencia a la deuda externa, a los niños secuestrados o nacidos en cautiverio y apropiados por los secuestradores, y a la denuncia de este "pecado atroz" que es mantenerlos en la situación de mentira, secuestro y como verdadero "botín de guerra" (pecado que continúa y la Iglesia podría contribuir a su clarificación)...
Durante la dictadura, aun dentro de la Iglesia se elevaron voces de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos señalando la complicidad de muchos obispos y sacerdotes con la barbarie. Pero esas voces, entonces silenciadas, no son las que ahora se han "reivindicado". En la Argentina, la dictadura asesinó un obispo -si no a dos-, y la mayoría de los obispos se adhirieron a la versión del gobierno de que se había tratado de un accidente (o dos). Un pedido de perdón sincero, entonces, parece que debería incluir, un reconocimiento de aquellos cristianos que no fueron escuchados por auténtica complicidad con el régimen: un reconocimiento de que un hermano obispo fue asesinado por su defensa de los pobres y oposición a la dictadura, dando a América Latina el primer obispo mártir de los tiempos recientes (4 de agosto de 1976) Durante la dictadura, la Jerarquía adhirió a la "teoría de los dos demonios": la guerrilla y la represión; y en el pedido de perdón vuelve sobre la misma tónica: "porque el mal de la violencia, fruto de ideologías de diversos signos, se hizo presente en distintas épocas políticas, particularmente la violencia guerrillera y la represión ilegítima". Señalar esto así, parece poner la gravedad en un mismo nivel, olvidando que ante el terrorismo de la guerrilla, se opuso un nuevo terror, pero notablemente más grave por contar con el poder público, con la posibilidad de ejercer la justicia, de juzgar y condenar... Sin embargo, se usó el poder para hacer desaparecer, torturar, violar mujeres, apropiarse niños, y de bienes de detenidos-desaparecidos o sus familiares... y, a lo sumo, se llamó a estas atrocidades, excesos de la guerra. El miedo de muchos miembros de la jerarquía al "comunismo ateo" los llevó a adherir (y muchos no parecen haber abandonado esta adhesión) a otro sistema, "menos malo", "occidental y cristiano". Esta teoría de los "dos demonios" sugiere la pregunta: ¿se deben meter ambas realidades "en la misma bolsa"?, ¿existe el mismo grado de gravedad?, ¿cuántos obispos avalaron la guerrilla como para poner a ambos al mismo nivel? (Porque consta de muchísimos que avalaron la dictadura, la tortura, la represión, pero ninguno que avalara la guerrilla). El pedido de perdón, ¿abarca un pedido de perdón a las Madres de Plaza de Mayo por no haberlas recibido y sí haber recibido a los militares?, ¿abarca haber creído en un video elaborado en la Escuela de Mecánica de la Armada, y presentado a la Conferencia Episcopal en pleno, por el general Viola sobre una supuesta "arrepentida", que inculpaba sacerdotes, creyendo en lo que estaban viendo y suponiendo que eso que se les decía era así, voluntaria, irénica y gratuitamente como se les decía? ¿No implica también un pedido de perdón a los cristianos que se comprometieron y fueron descalificados, como Emilio Mignone, Adolfo Pérez Esquivel, Nora Cortiñas y tantos miles y miles? El silencio o crítica a que los mismos obispos redujeron a los obispos Novak, Hesayne, De Nevares y otros, ¿entra en este pedido de perdón? ¿Les pidieron públicamente perdón a ellos o ellos "deben suponerlo"? Realmente el así llamado pedido de perdón deja muchas dudas. Muchísimas. Puede ser que sea un paso adelante, pero para que sea un verdadero paso y no un "punto final" deberá ir acompañado de muchos gestos: será de abrir archivos, de desautorizar públicamente a los sacerdotes Christian von Wernich, Emilio Graselli y otros evidentes colaboradores de la dictadura, reconocer públicamente a los laicos, religiosos, sacerdotes y obispos que vivos o muertos ahora, alzaron entonces su voz y no fueron escuchados, será exigir a los llamados cristianos que son todavía hoy apropiadores de hijos de desaparecidos, que devuelvan su identidad a las víctimas del "abandono forzoso", será mostrar claramente que hemos tomado en serio que hemos herido (y hasta matado) y debemos pedir perdón. Y esperar que nos crean. Y que nos perdonen. "Pueblo reconciliado" siguió ingenuamente la guía de la celebración después del pedido de perdón... Quizá ignoraba que para que la reconciliación verdaderamente ocurra deberíamos esperar que la mano que hemos tendido, o pretendido tender, sea estrechada por la otra parte, la ofendida, la víctima de nuestros pecados. Mientras tanto, pidamos perdón por este perdón tan lavado. Que Jesús ayude a la Iglesia en Argentina
|