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"EL DOMINGO FUE EL DÍA MÁS TRISTE". Una carta desde el compromiso y el dolor

Fernando MONTES, Neuquén (Argentina)


Esta carta fue escrita por una comunidad eclesial de una diócesis del Gran Buenos Aires. Nos parece un documento de un extraordinario valor pastoral porque en él se describen, de una manera sencilla, abierta y dramática, algunos aspectos de la realidad eclesial actual. Aparecen en estas líneas claramente definidos dos modelos de iglesia, más allá de los nombres o rótulos que se les quiera dar. Lo ponemos a disposición de los grupos y de las comunidades para que ayude a la reflexión y a la búsqueda de una mayor fidelidad al proyecto de Jesús.

Había una vez un barrio muy pero muy tranquilo. De tan tranquilo llegó a ser aburrido. Hasta que llegaron unos curitas misioneros y nos comenzaron a reunir y a conversar sobre el barrio. Visita va, visita viene y entre mate y torta frita fue llegando la gente. Cada uno con su historia. Los curitas pusieron la Biblia y nosotros nuestra fe. Y así se fueron formando las comunidades...

Nuestra parroquia se llama Cristo Obrero. Muy humilde. Techo de chapa, las paredes sin revocar (nunca soñamos con algo superior). Eso sí: mucho calor humano. Lugar de reunión de los domingos: la Misa, reunión de formación de Catequesis, Consejo parroquial... ¿Y el resto de los trabajos? Todos en el barrio: encuentros bíblicos en casa de Doña Rosa, misión casa por casa, empanadas para juntar fondos para Doña Juana que está internada, canasta comunitaria para Gustavito que más tarde fallece de un tumor en el cerebro con 19 añitos. Y junto a la vía Teresa, portadora de sida con ocho criaturas.

- ¿De dónde son ustedes?- nos pregunta la gente.

- Somos de Cristo Obrero -es decir de la parroquia, representada por la comunidad.

Hoy somos un barrio pobre que sufrimos el desempleo, la marginación, la corrupción y lo peor: la violencia.

Jesús un día dejó un mensaje: "Yo soy el camino... la luz... la vida". Pero nos explicó: al que me sigue no le será fácil... Y nos llegó a nosotros.

Un día nuestros curas se reunieron y con mucha diplomacia nos dijeron: - "Ustedes ya maduraron, están unidos, tienen la fe muy clara. Hay lugares donde nos necesitan más que ustedes".

Para hacerlo corto: se fueron.

 

Año 1999. Llegó el nuevo sacerdote. Nos dijo: "Todos los trabajos se hacen en la parroquia. Nada en el barrio. Todo lo que se recaude en la misa de los sábados será para colocar cerámica en los nuevos salones. El techo se cambiará..."

El domingo fue el día más triste. Nosotros que estábamos acostumbrados a compartir el Evangelio con el sacerdote, de ahora en más escuchamos su discurso, según el ánimo que trae.

Eso sí. El altar está lleno de ministros. El cura en el medio. Ahora tenemos un misa parroquial...

Doña Clara nos dice: "el sacerdote nos dijo que no hay más comunidades porque es perder el tiempo".

Nuestro obispo, en una homilía nos dijo: "Ustedes no son asistentes sociales. Uds. Son asistentes espirituales...".

Esto sería largo de contar. Pero podemos decir que no es un sueño, es una realidad. Claro que dimos un paso: no nos podemos quejar porque vamos a tener una parroquia de lujo...

Nos preguntamos: ¿Es que una autoridad eclesial puede romper con todo este trabajo que veníamos realizando?

Reciban un abrazo

Comunidad Nuestra Señora de Luján

 

- ¿Conocemos algún lugar donde se refleje esta actualidad? ¿Cómo es?

- ¿Qué dicen los documentos de la Iglesia: Puebla, Líneas para la Nueva Evangelización, Senderos Pastorales, La parroquia hoy, etc.

- "Asistentes sociales frente a Asistentes espirituales": ¿es un planteo correcto?

- ¿Cómo debería actuar esta comunidad que quiere seguir en el camino de Jesús?

- ¿Qué le diríamos al sacerdote en cuestión?

 

Tomado del Boletín "Nueva Tierra", Buenos Aires

 

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